Fácil instalación sin pérdida de rendimiento:
Se colocan en la caja de aire original, sin necesidad de cambiar el carburador. Mantienen la potencia del motor.
Mayor flujo y protección:
Están hechos con cuatro capas de algodón y malla metálica, lo que mejora el rendimiento y protege contra polvo, arena y barro.
Reutilizables y duraderos:
Son lavables y tienen la misma vida útil que el motor, lo que ahorra en reemplazos de filtros de papel.
Ahorro a largo plazo:
Aunque su precio inicial es más alto, se amortiza al no tener que comprar filtros con frecuencia.
Homologados y legales:
Cumplen las normativas de emisiones y ruido, y mejoran el sonido del motor.
Mantenimiento:
Se recomienda limpiarlos cada 50.000–120.000 km.
Requieren un kit de limpieza con aceite especial para mantener su eficacia.
Consideraciones:
No filtran tan fino como los de papel, por lo que pueden dejar pasar más partículas grandes.
Hay que tener cuidado de no aplicar aceite en exceso, ya que puede afectar sensores y garantías.